Sunday, September 16, 2007

Todo es mentira

En las películas de Meg Ryan todo parece más fácil. Me explico. Te vas de vacaciones a París para el Pilar. Para empezar, Meg Ryan nunca dice que está en París porque ha cogido un par de días libres en la oficina para el puente de la Pilarica. Obvia detalles. Pero es así.

Sentada en la butaca del hall del hotel, se acerca un dandy a darle fuego justo en el momento en que se pone un cigarro en los labios. Más real es estar espatarrado en las escaleras de la entrada del hostal cuando se acerca una fulana a pedirte un cigarrillo. El dandy le invita a una copa. La tipa te pide pasta para un martini. Tontean, hablan de la Nouvelle cousine y se burlan de lo mal que huelen los franceses. La apestosa francesa habla del precio del bacalao en el mercao de Montmartre, se burla de ti y te pide pasta para otro martini. Meg intenta ser una señorita y niega tres veces antes de subir con el maromo a la suite 312. Vosotros vais calientes y a ti te da igual chocho que chochenta. Subís al cuchitril que te han alquilado. Entonces es cuando Meg Ryan besa al chico, se disculpa y va al lavabo, aparece con un picardías blanco satén, se acerca a la cama, el dandy la besa en el hombro, le sopla la oreja, se tapan con las sábanas de seda y, en la siguiente escena, aparecen fumando y hablando de nuevo de Vichysoisses, un tema -por cierto- un tanto desagradable después de haber consumado el acto.

Pero la vida real no es así, Meg. Ni mucho menos. Llegais a la puerta de la estancia, ella te sopla la oreja, le huele el aliento, tú no encuentras las llaves, no será por el sutil llavero de los hostales, empiezas a desvestirte en el pasillo, entrais, los únicos gusanos que han visto las sábanas no son los de seda, ya te lo digo ahora, ella se disculpa y va al lavabo, mea, vuelve, tú te disculpas y vas al lavabo, meas y escupes, vuelves, intentas quitarle el sujetador, imposible, ella se quita los zapatos, huelen, os desnudais por completo a excepción de tus calcetines que te dan un toque chic, os continuais besando, deslizas tu boca barriga abajo, huele, deslizas tu boca barriga arriba, te pones sobre ella, cargas y apuntas,

paro técnico

Lo retomais donde lo habiais dejado, pero esta vez con protección. Destrempera, vuelta a comenzar. Besos, lametón, soplar oreja, lametón. El combo. Cargas, apuntas,… disparas. Demasiado rápido. Un poco de teatro. Finges, pero tú estás listo y seguir es tontería.

Paro técnico.

No aprietes ahora, no vaya a ser que estire y se quede tó dentro. Nudo. Lanzamiento parabólico hacia el lado de la cama. Ploff. Nuevo récord mundial. Modorra. No puedes dormirte, dale conversación, hazle un masaje. No puedes dormirte, no te duermas, tu misión no ha acabado. No me refiero a darle placer a ella. Me refiero a asegurarte de que la goma no es la una entre mil que Condonex agujerea para asegurarse futuros clientes de aquí a 16 años y 9 meses. Te disculpas, coges la goma y vas al lavabo.

Nunca he visto en una peli de Meg Ryan una escena -interior, noche- donde aparezca un tío desnudo, en pleno post-coito, en el lavabo llenando de agua un condón usado debajo del grifo. Es una escena triste ver cómo el tipo duda -una vez hecha las comprobaciones- entre si vaciarlo en la pica del lavabo o volver a hacerle un nudo y tirarlo a la papelera en forma de pez globo.

Meg, esto nunca nos lo cuentas.

Como escena triste, la de un tipo acuclillado ante el water, masturbándose, intentando apuntar al centro, que no salpique los baldosines para no tener después que limpiarlo. Es una escena igualmente triste que la de llenar un globo de agua, pero te ahorras el posible disgusto de saber que el globo pierde y también te ahorras el cigarro de después (y todo el post-coito asociado); y es que a ti el humo del tabaco (y todo el post-coito asociado) te da dolor de cabeza.